Consagración de los jóvenes dehonianos al Corazón de Jesús


Del corazón de Jesús abierto en la cruz ha brotado la vida divina,
-siempre disponible para quien acepta mirar al Crucificado.

Cristo Jesús,
Señor del Corazón herido y abierto, 
nos consagramos firmemente a ti
que te entregaste en la Cruz para ofrecernos tu amor;
en tu pasión soportaste nuestros sufrimientos,
cargaste con nuestros pecados,
nos conseguiste el perdón
y nos reconciliaste con Dios Padre,
abriéndonos el camino de la vida eterna.
Así, nos has liberado de lo que más atenaza nuestra vida:
la esclavitud del pecado,
y podemos amar a todos, incluso a los enemigos,
y compartir este amor
con los hermanos más pobres y en dificultad.


Llevando la cruz dehoniana,
signo del amor que ha brotado de tu corazón abierto,
reconocemos que sin ti,
Señor Jesús muerto y resucitado,
no hay salvación;
que sólo Tú puedes liberar el mundo del mal
y hacer crecer el Reino de la Justicia, la paz y el Amor
al que todos aspiramos.

Como Tomás,
también nosotros queremos meter la mano
en las señales de tu Pasión, las señales de tu amor:
En los Sacramentos,
donde te nos acercas en modo particular,
donde te nos entregas.
Como jóvenes, queremos aprender a verte,
a encontrarte en la Eucaristía,
donde estás presente y cercano
hasta entregarte como alimento para nuestro camino;
en el Sacramento de la Penitencia,
donde manifiestas tu misericordia
ofreciéndonos siempre tu perdón.
Queremos reconocerte y servirte
también en los pobres y enfermos,
en los hermanos que están en dificultad y necesitan ayuda.
En la era de la globalización,
queremos ser testigos de la esperanza cristiana
en el mundo entero.

Como a Marta ante la tumba la tumba de tu amigo Lázaro,
recuérdanos también a nosotros, que si creemos,
si sabemos vivir y dar cada día testimonio de nuestra fe,
seremos un instrumento
que ayudará a otros jóvenes como nosotros
a encontrar el sentido y la alegría de la vida,
que nace del encuentro contigo.

Afírmanos en la fe por medio de la Iglesia
para que no nos desanimemos.
Afiánzanos en la oración,
en la escucha en común de tu Palabra y del apoyo recíproco.
Cuenta con nosotros para renovar la Iglesia,
rejuvenecerla y darle un nuevo impulso.

Que la Virgen María nos acompañe este camino.
Que Ella interceda por todos nosotros,
para que podamos crecer en la fe y en el amor.
Amén.