Los catequistas y animadores juveniles como acompañantes


"El objetivo fundamental del itinerario de la evangelización y educación en la fe de los jóvenes, es que el joven descubra en Cristo la plenitud de sentido y el sentido de la totalidad de su vida, y busque la más plena identificación con Él, con todas sus implicaciones, santidad de vida, la vida según el Espíritu, la configuración con Cristo" (OPJ 30).
Este itinerario evangelizador implica una serie de acciones "a través de las cuales la Iglesia ayuda a los jóvenes a preguntarse y descubrir el sentido de la vida, a descubrir y asimilar la dignidad y exigencias de ser cristianos, les propone las diversas posibilidades de vivir la vocación cristiana en la Iglesia y en la sociedad y les anima y acompaña en su compromiso por la construcción del Reino" (OPJ 15; cf. ChL 54).
Por tratarse de una formación integral y un crecimiento armónico la acción evangelizadora "alcanza y transforma los criterios de juicio, los valores determinantes, los puntos de interés, las líneas de pensamiento, las fuentes inspiradoras y los modelos vitales" (EN 19).
Los animadores y asesores de jóvenes deben ayudar a conseguir estos objetivos a través de la animación del grupo de fe y del acompañamiento personal, respectivamente; uno y otro aspecto se necesitan mutuamente y se complementan. 

En los últimos 40 años hemos trabajado mejor el aspecto comunitario de la educación de la fe y hemos descuidado la relación personal con cada uno de los componentes del grupo; en el momento actual estamos redescubriendo y valorando el acompañamiento personal como elemento imprescindible en la personalización de la fe, en los procesos madurativos y en el discernimiento vocacional.

El aumento de grupos (los catecumenados de confirmación, la pastoral juvenil y los grupos comunitarios) propiciado por la comprensión de la catequesis como proceso, han propiciado un aumento en la demanda de catequistas y animadores, sin asegurar al mismo tiempo una adecuada formación. 
Es fácilmente constatable el número grande de catequistas y animadores que "no han llegado ni a entender ni a llevar a la práctica el concepto pleno de catequesis" (Cl 6) o de animación juvenil.
Descubrir a Dios no es fácil, la voluntad de Dios no aparece sin más de forma evidente, y las posibilidades de perderse en el camino también son altas. Por todo esto necesitamos creyentes que caminen a nuestro lado y nos orienten; ¿es posible ser catequista o animador de jóvenes sin experiencia de acompañamiento personal? Creemos honradamente que no; y el catequista o animador que no lo haya descubierto no tiene la preparación adecuada para animar un grupo ni para acompañar a otros en el seguimiento de Jesús.

Acompañar el proceso de maduración de la fe

Cuándo surge el acompañamiento espiritual

El acompañamiento es pieza clave en el proceso madurativo del joven, y éste lo necesita aunque explícitamente no alcance a pedirlo. Si esto es así, lo que más facilita su puesta en marcha es la consideración del mismo como elemento constitutivo en el caminar de los grupos cristianos.
 
El primer encuentro viene propiciado por la actitud de cercanía, respeto y acogida del animador hacia los jóvenes y sus problemas.

Hoy más que nunca necesita el joven descubrirse en su propia originalidad; el acompañante ayudará a que el joven descubra sus posibilidades, limitaciones, horizontes, ideales, etc., y a que viva contento con él mismo. 

Los problemas de timidez, inseguridad y falta de aceptación son los que más siguen mortificando a muchos adolescentes y jóvenes. La percepción negativa de sí mismos paraliza en gran medida las energía de los jóvenes, así como sus ilusiones y potencialidades. Este problema se agrava por la complejidad, ambigüedad y ambivalencia de muchas de las ofertas que rodean al joven. Dar unidad a la persona alrededor de un valor fundamental que todo armonice es la meta última y constante en el acompañamiento personal.

El discernimiento vocacional, hacia dentro de la comunidad cristiana y en el mundo, culminará este proceso de búsqueda de la voluntad de Dios desde la actitud de disponibilidad.

El contenido del acompañamiento

La vida de cada día es el contenido principal en el acompañamiento espiritual, pues la vida es la que necesita ser iluminada y transformada. En ella se juega el encuentro de la gracia de Dios con la voluntad humana. 

La relación de ayuda que el acompañamiento espiritual conlleva no termina en la maduración de la personalidad, pues también incluye la formación de la conciencia moral, la experiencia de Dios, el descubrimiento de la comunidad y la llamada vocacional.

Acompañar el proyecto de vida cristiana

El proyecto de vida de Jesús ayuda a encontrar y discernir el propio proyecto

Los proyectos de vida cristiana tienen una raíz común (la vocación bautismal), un ámbito de referencia (la comunidad cristiana) y apuntan a un horizonte (el Reino). Esto es así porque la referencia del creyente es la persona de Jesús; llegados aquí nos podemos preguntar: ¿cuál fue lo definitivo para Jesús, lo que orientó toda su vida? Es fácil de responder: hacer la voluntad del Padre,anunciar la Buena Noticia y salvar a la humanidad. La realidad del Reino proclamada e iniciada por Jesús es la que une voluntad de Dios, evangelio y salvación.

El Reino irrumpe comunicándonos una experiencia nueva de Dios como Padre y situando a los hombres como hermanos desde unos nuevos valores y la opción preferencial por los pobres y sencillos.

Las acciones liberadoras de Jesús, su solidaridad con los pequeños, enfermos, marginados, y pecadores, y las denuncias de orden vigente constituyen un proyecto alternativo de vida llevado adelante por el don gratuito del amor de Dios. 

La novedad del Evangelio se acoge y comprende desde la comunidad de discípulos de Jesús. Seguir a Jesús y acoger el Reino pasa por la incorporación al grupo que Jesús inicia con los Doce. Dentro de la comunidad cada uno encontrará el lugar y el servicio que Dios le pide en la animación de la comunidad y en la edificación del Reino.
El crecimiento espiritual ayuda a los jóvenes a seguir a Jesús de Galilea a Jerusalén, y a vivir todo lo que vivieron los Apóstoles en este itinerario de fe. El descubrimiento del proyecto de Jesús y sus actitudes personales respecto de la voluntad del Padre son elementos paradigmáticos para el creyente.

El discernimiento de Jesús

Hemos visto cómo lo central en la vida de Jesús fue hacer la voluntad del que le había enviado; con todo, su discernimiento también incluyó los medios apropiados para descubrir y hacer la voluntad del Padre. 

El medio más significativo que vivió Jesús fue la solidaridad con los más pobres; desde ahí amó sin límite a todos los hombres y asumió la cruz hasta el extremo de dar la vida.

Es importantísimo que el acompañante ayude al acompañado a tener las mismas actitudes que tuvo Jesús, y que se podrían resumir en una fundamental: relativizar todo lo que no es el Reino de Dios y su justicia. Sólo desde esta actitud de disponibilidad total o indiferencia puede el creyente oír de forma inequívoca lo que Dios le pide. 

El acompañante espiritual hará todo lo posible para asegurar la objetividad del proceso de discernimiento y evitar que intereses poco evangélicos interfieran en la toma de decisiones. Cumpliendo este cometido el acompañante es fiel reflejo de lo que ocurre y testigo fiel del Dios vivo.

El paso de Dios por la vida de las personas y los caminos del Espíritu sorprenden y desconciertan en no pocas ocasiones; el acompañante espiritual nos ayuda a ir dando nombre a todo lo que ocurre en nuestro interior, a confirmar lo que es de Dios, a desvelar los autoengaños y a responder a los nuevos retos. 

Por las exigencias de la fe madura, no se puede ser catequista o animador de jóvenes sin tener experiencia de acompañamiento personal.

Da la impresión de que muchos cristianos hablan de la vida espiritual en términos genéricos y confusos; incluso, cuando en el proceso de crecimiento de fe se llega a un determinado punto ya no se sabe avanzar, pues no se conoce bien lo que pasa y tampoco se disponen de las herramientas que permitan manejar la situación. 

La vida espiritual tiene su lógica interna, requiere un proceso largo, pasa por etapas muy distintas y precisa de acompañamiento personalizado. 

Los educadores de la fe deberíamos saber responder con precisión a esta cuestión: ¿qué tiene que pasar en el interior de un catecúmeno, adolescente o joven para que llegue a madurar en la fe? Conocer y acompañar este proceso es lo más importante; quizás formulamos muchos proyectos pastorales, pero sabemos poco de los procesos interiores de fe.

Para abordar en profundidad este tema, el conocimiento de algún método o escuela de espiritualidad nos permite concretar y avanzar con pedagogía. 

No nos quepa duda, ayudar a la experiencia cristiana y a que la actitud religiosa madure debe ser hilo conductor de toda la acción pastoral de la Iglesia; y la madurez en la fe tiene que ver directamente con la práctica del discernimiento cristiano a nivel personal, comunitario y pastoral. 

La talla humana y cristiana de los catequistas y animadores juveniles, así como de las comunidades cristianas locales son una referencia decisiva. 

El agente de pastoral juvenil hace de mediación con la comunidad y con la sociedad; la síntesis vital que tenga es lo que mejor puede educar al grupo de jóvenes que anima. La cercanía y el acompañamiento personal complementan lo que se hace en el pequeño grupo.
Basado en:
Diccionario de Pastoral y Evangelización, voces: Acompañamiento pastoral”, “Discernimiento” y “Jóvenes 1”.

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