¿Cómo actúan los dones del Espíritu Santo?

¿Cómo actúan los dones del Espíritu Santo? 
 
Según Rom 8,14.17: Los que son movidos por el Espíritu de Dios, esos son hijos de Dios, y si hijos, también herederos.
Justamente sólo Jesucristo, el Hijo Eterno, el único que posee en plenitud el Espíritu, puede revelarnos la acción de éste en sus siete formas. 

1. El don de Entendimiento o pureza de corazón

Mt 15, 1-20 nos revela la acción de este Don. El entendimiento humano de los fariseos, los escribas y discípulos fue limitado,  sólo Jesús pudo penetrar hasta unos niveles determinados porque tenía el Corazón Puro, el Espíritu de Entendimiento que le hacía llegar al conocimiento de cosas que no se pueden de conocer por el entendimiento natural [ver san Agustín, Sobre la doctrina cristiana, Libro II, 11].


 2. El don de Ciencia o disciplina

Lc 7,36-47 nos revela la acción de este Don. A diferencia de Simón, la mujer llega al amor a Jesús por el Espíritu de Ciencia. Por infusión del Espíritu obtuvo la certeza de juicio sobre lo que debía hacer, de modo que no se desvió de lo que era justo [ver san Agustín, Sobre la doctrina cristiana, Libro II, 10]

 3. El don del Temor filial

Mt 19,16-29 nos revela la acción de este Don. Los discípulos responden a Jesús, que se muestra como verdadero Dios, gracias al Don del Temor filial, el joven rico no. Ellos lo reverencian como Dios y se someten a Él. El don del Temor filial sería habitual en ellos después de Pentecostés: cuanto más lo amaban, tanto más temían ofenderle y apartarse de Él. Crecería su esperanza y aumentaría también su temor filial, porque cuanto con mayor certeza esperaban la consecución de algún bien, tanto más temían ofenderle o apartarse de Él. El mal del joven rico consiste en no someterse a Dios, sublevándose con presunción contra Él y despreciándolo [ver san Agustín, Sobre la doctrina cristiana, Libro II, 9]

Dice san Agustín en el libro Sobre el Sermón de la Montaña: El temor del Señor conviene a los humildes, de quienes se dice: Bienaventurados los pobres de espíritu. Dado que incumbe al temor filial reverenciar a Dios y estarle sometido, corresponde al don de temor lo que es consecuencia de esa sumisión. Y por el hecho de someterse a Dios deja el hombre de buscar la grandeza en sí mismo o en otra cosa que no sea Dios, porque estaría en pugna con la sumisión perfecta (a Él debida). Por eso se dice en el salmo 19,8: Estos en carros, aquellos en corceles; mas nosotros en el nombre de nuestro Dios seremos fuertes. De ahí que, por el hecho de temer perfectamente a Dios, el hombre deja de engreírse en sí mismo por soberbia y de engrandecerse con bienes exteriores, es decir, con honores y riquezas. Lo uno y lo otro atañe a la pobreza de espíritu, que puede entenderse como el aniquilamiento del espíritu hinchado y soberbio, en expresión de San Agustín en El Sermón de la Montaña.  

4. El don de Sabiduría 

Mt 16, 21-23 y 26, 57-67 nos revela la acción de este Don. El Espíritu de Sabiduría orientó la vida humana de Jesús, lo dirigió no sólo por razones humanas, sino también por razones eternas (Ver San Agustín en Sobre la Trinidad, Libro XII, 2). Éste don de la Sabiduría, le permitió juzgar rectamente las cosas en conformidad con el Padre. Gracias a él pudo no solamente contemplar las cosas divinamente, sino también regular sus acciones humanas.  

5. El don de Consejo de misericordia

Mt 18, 23-35 nos revela la acción de este Don. El servidor despiadado representa al hombre que no puede abarcar todos los casos que pueden ocurrir,  y resulta en un hombre de pensamientos inseguros, y de cálculos muy humanos. El rey ilustra al hombre que es dirigido por el Espíritu de Consejo, que comprende todas las cosas con misericordia [ver san Agustín, Sobre la doctrina cristiana, Libro II, 11].

 6. El don de Piedad 

Lc 18, 1-14 nos revela la acción de este Don. La viuda y el publicano representan al hombre que movido por la Piedad del Espíritu, es impulsado a tener un afecto filial para con Dios, según expresión de Rom 8,15: Han recibido el Espíritu de adopción filial por el que clamamos: ¡Abba! ¡Padre! Ellos muestran cómo lo propio del don de Piedad es prestar sumisión y culto al Padre. Ellos rinden sumisión y culto a Dios como Padre bajo la moción del Espíritu de Consejo. 

El don de Piedad no sólo tributa honra y culto a Dios, sino también a todos los hombres, en cuanto pertenecen a Dios. Es la razón por la que a la piedad corresponde honrar a los santos y no contradecir a la Escritura, se entienda o no se entienda, como nos dice San Agustín en Sobre la Doctrina Cristiana, Libro II. Por ello, también la piedad hace obras de misericordia con los necesitados. Y aunque este acto no se dé en el cielo, sobre todo después del día del juicio, sin embargo, sí se dará su acto principal, que es reverenciar a Dios con afecto filial, conforme al libro de la Sab 5,5: ¡Cómo son contados entre los hijos de Dios! También se dará la mutua honra entre los santos. Ahora, en cambio, hasta que llegue el día del juicio, los santos se compadecen también de los que viven en estado de miseria. 

7. El don de fortaleza 
Jn 6, 47-71 nos revela la acción de este Don. Judas representa al hombre que no puede escapar de los males y peligros, pues lo agobian, hasta causarle la muerte (ver Mt 27, 5). Pedro aquí representa al hombre que el Espíritu de Fortaleza mueve interiormente para que se vea libre del peligro que lo amenaza.  Ahora bien, esto que aquí sería pasajero, el Espíritu Santo le concedería tener de forma permanente después de Pentecostés (ver Hech 4,8), guiándolo en todo hacia la vida eterna, infundiendo en su alma una confianza especial que excluirá todo temor (ver Hech 4, 19) [ver san Agustín, Sobre la doctrina cristiana, Libro II, 10].
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