Padre Dehon: La Renovación Social Cristiana

La Renovación Social Cristiana

Conferencias dadas en Roma en 1897-1898 por Juan León Dehon

La finalidad de las conferencias es poner en evidencia la doctrina de las encíclicas pontificias: Cristo fue excluido de la vida política y económica; Él quiere volver con sus beneficios, con el reino de la justicia y de la caridad. El combate contra la injusticia y la desesperación deben centralizarse en la presencia de Jesús.

La sociedad francesa en la época del padre Dehon

El p. Dehon ejerce la mayor parte de su actividad social en un período poco brillante de Francia (1870-1900):

  • 1872: Francia pierde la guerra con Prusia.
  • 1877: Sólo entonces se aprueba la ley del sufragio universal.
  • 1880: Las grandes industrias metalúrgica y textil desarrollan más la economía.
  • 1882: Se produce una fuerte crisis bancaria.
  • 1884: Sólo entonces la ley autoriza la creación de los sindicatos para la industria y en la agricultura.
  • 1885: Retorna el proteccionismo.
  • 1889: Se produce una nueva falencia en la Compañía del Canal de Panamá.
  • 1892: León XIII convoca a los católicos a adherir al régimen republicano, provocando la reacción de los “refractarios”.
  • 1894: El caso Dreyfus exacerba el anti-semitismo.
  • 1898: La ley exige seguridad, higiene y dignidad en el trabajo.

La Iglesia francesa en la época del padre Dehon


Acontecimientos negativos:

  • 1880: El Estado expulsa la mayor parte de las Congregaciones religiosas.
  • 1882: El Estado laiciza la enseñanza pública.
  • 1886: El Estado laiciza el personal de las escuelas públicas, suprime las capellanías en el ejército, suprime el reposo dominical, restablece el divorcio, clausura las procesiones, el toque de las campanas, el crucifijo y las imágenes en las escuelas, en los hospitales y en los edificios públicos.

Acontecimientos positivos:



La actual crisis social y económica en Francia y en Europa (14-01-1897)


Dehon analiza el desorden y piensa que está en todas partes:
  • En los espíritus (I)
  • En la sociedad (II)
  • En la familia (III)
  • En el régimen económico (IV)

I. El desorden en los espíritus provocó una crisis intelectual y religiosa derivando también en un desorden moral.

II. Las relaciones sociales están influenciadas por los males sociales: abuso de la libertad de prensa, la licenciosidad en las calles (prostitución), la criminalidad y los suicidios juveniles, vagabundaje y alcoholismo. También por la ambición, la especulación, el peculado, y la creciente laicización.

Las relaciones internacionales están dominadas por intereses propios y ambiciones, tanto es así que Europa quedó y queda indiferente ante las masacres de oriente.

Todo eso porque el objetivo de vida es poseer y gozar y se puso a Dios de lado.

III. La familia está amenazada por el divorcio, la disminución de la natalidad, los hijos ilegítimos y los niños abandonados.


IV. El desorden económico se refleja en los conflictos en la industria, en gran parte debido a las sociedades anónimas, causando la destrucción del hogar. Y en la crisis agrícola, debida a demasiados impuestos, destruyendo la pequeña propiedad y causando una enorme migración.

Conclusión: Dehon llama a la acción: “para los valientes, los corazones nobles, los apóstoles, lo que se impone es la acción”. La otra alternativa es el desánimo y el pesimismo, esta es la opción “para los hombres sin fe, sin bravura, sin generosidad”.

Las verdaderas causas y los remedios del malestar contemporáneo (28-01-1897)



A. El p. Dehon cita las causas y los remedios que proponen los diferentes grupos y a continuación los excluye dando sus motivos:


  • Los socialistas indican como causa el capital y como remedio destruir la aristocracia y el clero.

Dehon dice que la culpa no es del capital, sino del abuso del capital. Si hoy el capital se volvió instrumento de opresión y de usura es preciso combatir sus abusos y no su uso legítimo.


  • Los anarquistas indican como causa el Estado y como remedio suprimir toda organización social (o la supresión total del estado en el caso de los comunistas).

Dehon responde que sin el Estado, las familias y comunas serían incapaces de realizar las grandes obras y lucharían entre sí, tanto cuanto o más de lo que hacen los Estados. Los impuestos deben ser reformados, no se puede suprimirlos.

  • La clase burguesa dice que la causa son los trabajadores. Dehon dice que ciertos excesos del obrero son un efecto, no una causa. La causa es la sociedad en que vive.
  • Los economistas dicen que la causa son las máquinas, y los obreros que abandonaron sus campos. Dehon dice que las máquinas son inocentes y que es preciso que la ley y los representantes corporativos pongan un freno a los abusos de la industrialización moderna. El abandono de los campos es antes un efecto de que una causa de la desorganización económica.
  • La escuela económica liberal dice que el desorden actual sólo reconoce causas naturales y que el remedio es dejar que las cosas caminen y esperar. Dehon responde diciendo que tenemos ahí una ilusión. Dejándose a la competencia actuar sin regulación alguna, los poderosos oprimirán a los débiles en todo. En la vida económica, de la libertad nace la opresión, y de la organización la libertad.
  • Los católicos conservadores dicen que los remedios son la caridad, el patronato cristiano y la dedicación. Dehon dice que eso está bien, pero no basta, es incompleto e insuficiente.


B. Dehon dice que la Encíclica “Rerum Novarum” indica la solución integral del problema y señala las reales causas del mal:

  • Las causas morales son los desvíos religioso y doctrinal. El orden social reposa sobre la religión y la justicia. La religión enseña las condiciones del progreso: el trabajo, la economía, la justicia, la caridad. Y combate la ignorancia, el despotismo y la esclavitud.

También el clero, el Estado, los patrones y los obreros son responsables del malestar:

  • El clero, porque no basta con la pastoral de los niños y enfermos, hay necesidad de pastoral de los padres, madres y jóvenes.
  • El Estado, porque faltó a sus deberes (no reguló el trabajo de las mujeres y los niños, ni el trabajo nocturno, ni el Domingo, y no evitó el exceso de jornadas de trabajo y la usura).
  • Los patrones, porque olvidaron su función social.

Los remedios son tres: la restauración de los principios cristianos de la vida social, la acción del Estado y los esfuerzos de los patrones y de los obreros.


Conclusiones: El mal es inmenso, pero el remedio está en nuestras manos. Tenemos que estudiar y divulgar la verdad y organizarnos. Si queremos que Cristo reine, es preciso que nadie nos lleve la delantera en el amor al pueblo.


El judaísmo, el capitalismo y la usura (11-02-1897)

El p. Dehon divide su exposición en dos partes:



A. La cuestión judía


Los judíos tienen un pasado glorioso porque eran el pueblo de Dios y están destinados a volver a la fe. La actitud de la Iglesia para con ellos fue siempre de prudente caridad. Pero ellos cometieron abusos de las bondades de la Iglesia.

Los judíos son los dueños del capital, principalmente de las sociedades anónimas. En Francia son los dueños de los bancos, de la prensa, de la administración y otros.

Su estrategia es incentivar la libertad universal, los préstamos, el librepensamiento, el escepticismo, las divisiones entre los cristianos, la idea de progreso, la tolerancia religiosa y la supresión de la religión en la enseñanza.


B. El capitalismo y la usura.


El capitalismo es el abuso del capital por medios de la usura, del acaparamiento, del monopolio, la servidumbre de los trabajadores. Los capitalistas son los especuladores, los ambiciosos y los explotadores.


Conclusión: Se debe estudiar para no actuar ciegamente y sin descernimiento. Después de estudiar es preciso enseñar a través de libros, de la prensa, de las conferencias, de predicaciones concretas que salgan de la rutina de las devociones sentimentales y supererogatorias. Después es preciso actuar con obras y asociaciones porque hablar es bueno, pero actuar es mejor.


El socialismo y la anarquía (18-02-1897)

El p. Dehon divide su exposición en tres partes:


A. El socialismo


El p. Dehon critica al socialismo diciendo que es preciso tomar los hombres así como ellos son y no como los imaginamos. Sólo ve en la solución socialista un cambio de amos y no espera nada de bueno. Dice también que las ideas-madre del socialismo son las filosofías atea, materialista y utilitarista de Hegel, Feuerbach y Stuart-Mill.


B. El partido anarquista


Su objetivo es suprimir el estado por medio de la violencia extrema. Su religión es el librepensamiento o cualquier secta enemiga de la Iglesia Católica. Intenta perjudicar el catolicismo y favorecer el protestantismo.


C. Los remedios contra la acción del socialismo y de la anarquía.


  1. La Iglesia debe formar el espíritu de caridad, de penitencia, de desapego de los bienes de la tierra y ocuparse de los intereses del pueblo. “La iglesia no se deja absorber totalmente por el celo de las almas, de modo que descuide lo que dice respecto a la vida terrestre y material” (León XIII). Jesús curaba los cuerpos para llegar a las mentes.
  2. Debe exigirse una reforma legislativa: reposo dominical, reglamentar la jornada laboral, salario mínimo, reprimir la usura; las asociaciones secretas deben ser desenmascaradas.
  3. A la acción social de la Iglesia y a la legislación es preciso agregar la iniciativa privada.


Conclusión: El p. Dehon llama a ir al pueblo para esclarecerlo, instruirlo y amarlo. Llama a ir a él con un programa social preciso, con obras realmente populares y con una actitud incesante.


La misión social de la Iglesia (11-03-1897)


Para el p. Dehon la iglesia es la libertadora de todas las tiranías y promotora de todo el progreso. “La iglesia liberó los esclavos, instauró el reino de la justicia y la caridad, fomentó las ciencias y las artes. La civilización es proporcional a su libertad y a su acción”. (León XIII)


La Iglesia en la historia

El p. Dehon justifica su afirmación mostrando la acción de la Iglesia en la historia.


Roma y su vasto imperio decayeron en la más profunda corrupción: el padre podía matar o vender a su hija, y su esposo podía abandonarla; la poligamia y el divorcio eran aceptados por las leyes; el niño era sólo considerado como ser humano después de destetado; el padre podía matar sus hijos o venderlos; el esclavo en las leyes era colocado en la categoría de los animales; el dueño tenía derecho de vida y muerte sobre el esclavo y los usaba ampliamente; era un crimen ayudar a los pobres.



Las obras de caridad a favor de todos los que sufren tienen su origen en las catacumbas. La más antigua legislación de la Iglesia, los cánones apostólicos, exigía para el esclavo el reposo semanal. “Delante de Dios, vuestros esclavos son vuestros iguales” (San Gregorio).


Constantino abolió la poligamia y el divorcio. También las luchas de los gladiadores fueron abolidas.


Los bárbaros destruyeron aquello que sobró de la civilización romana y que la Iglesia había agregado. Los monasterios se volvieron asilos de las letras, de las artes y de los oficios. Gracias a la Iglesia la instrucción se extendió a los pobres y los pequeños.

La Iglesia instituyó el feudalismo como organización de seguridad social.


En la Edad Madia los grandes fácilmente abusaron de su poder, la Iglesia estaba allá para contenerlos. “Los reinos se pierden cuando falta la justicia. La obediencia política tiene sus límites. Los príncipes no están encima de los mandamientos de Dios. El poder civil no tiene nada que ver en el dominio de las conciencias”. (Concilio de Aachen en 836). El papado impidió el reinado de la más horrenda barbarie, oponiéndose a la tiranía de los príncipes.


Cuando los latifundios se reconstruyeron después de la invasión de los bárbaros, los papas emprendieron una lucha sin tregua contra ese resurgimiento del egoísmo pagano. Ordenaron que, al menos, un tercio de esas tierras fuese cultivado y permitieron que los trabajadores cultivasen las tierras incultas, hasta la tercera parte de las grandes propiedades.


La sociedad civil cuando inflige una penalidad, quiere punir al culpable y atemorizar con el ejemplo. La Iglesia busca primero la expiación de la falta, después el arrepentimiento del culpable y, finalmente, su perdón, con espíritu de caridad y sin rencor. Proscribe la mutilación y la pena de muerte y la tortura. En el siglo XII el Concilio de Letrán e Inocencio III protestaron contra los malos tratos infligidos a los albigenses. La inquisición fue un tribunal del Estado. Los papas intervinieron muchas veces para reprimir los clamorosos abusos: “Es preciso conducir los hombres al templo, pero no arrastrarlos para allá” (Inocencio III).


El protestantismo y el humanismo, renovando el cesarismo, el lujo, la sensualidad y el egoísmo de los grandes, prepararon la Revolución. Luis XIV, completando la obra de Felipe el Hermoso, de Francisco I y de Carlos IX, nos envió a la sacristía. El pueblo se alejaba de una religión que no cuidaba más de sus intereses y miraba a los sacerdotes como cómplices de los opresores. De hecho muchos lo eran, por lo menos con su silencio.


Observación: Delante de los ataques del racionalismo y del laicismo, la apologética cristiana del tiempo del p. Dehon (de un modo particular en el campo de la historia) defiende largamente una relectura fácil y favorable a la Iglesia).


La Democracia Cristiana (21 y 28 de abril de 1898)


El p. Dehon lucha al lado de los “amarillos” comprometidos con la promoción de la justicia social, preocupados con la paz social de acuerdo con las aspiraciones populares.


Define a los demócratas cristianos como la parte de los católicos más fieles a las orientaciones pontificias. Son demócratas cristianos en oposición a los refractarios, intransigentes, liberales y regalistas. La democracia cristiana tiene como programa la Encíclica sobre la condición de los trabajadores; ella pide leyes e instituciones que favorezcan a los trabajadores; en la política un progresiva ascenso del pueblo y su creciente participación en la administración pública.


Él toma la palabra “democracia” en el sentido de un conjunto de doctrinas y de acción práctica a favor del pueblo. Democracia es para él el ascenso gradual, pacífico y triunfante de las masas trabajadoras y sufridas: los campesinos, los obreros. Y tiene por objetivo elevar el pueblo a un más lato grado de información, de moralidad, de bienestar.


Dice también que en la vida política la democracia cristiana es republicana donde esté establecida y recibida por el pueblo; pero él acepta la monarquía moderada con instituciones democráticas. Porque no importa cuál sea la organización política, social y económica de un pueblo; pero ese organismo político y social debe ser también democrático en su objetivo, esto es, debe buscar principalmente el bien de los pequeños y su liberación: Debe ser más favorecido quien tiene más necesidades.


Según él, la organización democrática nace naturalmente del Evangelio: El Salvador vino para liberar a los pequeños. El Evangelio educa al pueblo instruyéndolo y moralizándolo; por los tanto, él prepara las instituciones democráticas. En este punto hace la interesante afirmación de que “el movimiento democrático es legítimo según el grado de cultura del pueblo”. Quiere decir con esto que el pueblo debe ser culto para garantizar una verdadera democracia.

Concluye indicando los remedios al mal actual:


  1. Es necesario que el trabajador sea respetado, en su vida física y en su vida moral; que su trabajo sea equitativamente remunerado; que sea favorecido el ahorro; que él sea preparado para enfrentar los reveses de los días malos; que le sea asegurada la ayuda necesaria en la enfermedad y en la vejez.
  2. Es preciso que sea facilitado el acceso a la pequeña propiedad, mediante leyes y organización social. Pero no es sólo la pequeña propiedad que restaura la dignidad humana, está todavía el acceso a la categoría patronal por la asociación, por la cooperación, por la participación en los beneficios. El clero debe poner manos a la obra y colaborar para el ascenso social de los proletarios. Las virtudes particulares serán estériles sin la justicia social.


El programa democrático (abril 1898)

En esta conferencia el p. Dehon quiere ser el fiel intérprete de León XIII: la intención de su pontificado es la promoción de un catolicismo que para de agarrase a una situación defensiva, para abrirse a la evolución de los tiempos.

Dehon resume lo que para él es “el dogma social de la Iglesia” formulado en la Encíclica “Rerum Novarum” en tres tesis:

  1. La propiedad privada y personal es un derecho natural del hombre.
  2. El resultado inmediato del trabajo debe ser el sustento del trabajador. El enriquecimiento del capitalista viene como añadido, si él es posible.
  • Es necesario que el trabajo fornezca al obrero el sustento de su vida.
  • Es preciso que las condiciones de trabajo no provoquen daños injustos al legítimo desarrollo de su vida física, doméstica y moral y religiosa.
3. La justicia conmutativa prohíbe, en los contratos, la usura.

El Evangelio bien entendido y bien practicado es el remedio para el malestar social. Para el p. Dehon la Encíclica pone en primer lugar el cumplimiento de la justicia. Y ella esboza e traza las líneas primordiales de un derecho trabajista, fundado en los siguientes principio cristianos:
  • El orden y la prosperidad resultan, sobretodo, de la organización profesional, de la armonía de las clases sociales organizadas.
  • El Estado debe actuar en diversos casos de reglamentación legal y de organización profesional que ultrapasen el alcance de las corporaciones.
Para que reinen, en la vida pública, los verdaderos principios del dogma social sobre la propiedad, el trabajo y el crédito, el programa democrático pide la aplicación práctica de los dos grandes medios indicados por el papa León XIII para la liberación del proletariado:

  1. La asociación. En cuanto aislado, el obrero está sin fuerza para reivindicar sus derechos y para organizar el seguro social. En Francia, los obreros, cansados de su aislamiento, fundan un gran número de sindicatos.
  2. La acción del Estado. El Estado debe seguir siempre las grandes leyes morales, que están en la base de la economía social cristiana, dejando enteramente a las corporaciones la reglamentación de los detalles. El p. Dehon es doctor en derecho: el conoce la función indispensable de una autoridad pública que sepa regular eficazmente el conjunto de la vida social. Es por eso que, en su opinión, en nombre de su misión, que es de servir al bien de todos y primeramente de los más amenazados, el Estado debe intervenir. Se trata de elaborar un verdadero programa de reformas legislativas que ponen fin a los abusos que, en realidad, lejos de ser fallas lamentables de funcionamiento, son evidentes injusticias permanentes.

Con ese fondo común, los programas democráticos varían en los detalles.

Observación: El p. Dehon participa activamente del debate sobre las corporaciones. El percibe bien la dificultad: no es más cuestión de ir en contra de la historia, volviendo a las corporaciones de la Edad Media, en que es preciso inspirarse. A lo largo de años de discusiones y conflictos, su pensamiento madura. Poco a poco encuentra una posición matizada, siempre respetuosa, pero que se diferencia tanto de las orientaciones pontificias como de la opinión de León Harmel: es preciso fundar sindicatos cristianos como “primer paso para retomar las corporaciones cristianas en el mundo del trabajo”, para el estudios y la defensa de los intereses comunes”. Y como “existen intereses que son comunes sólo a los obreros”, necesitamos de sindicatos separados, “es justo que los obreros puedan unirse y organizarse”.

Para prevenir el riesgo inherente a los sindicatos separados, el pregona crear, al mismo tiempo, “cámaras del trabajo”, patrones y obreros juntos, donde se hará el arbitraje, “para resolver todos los conflictos entre patrones y trabajadores”.

El p. Dehon, con energía y fervor, se esfuerza para comunicar su convicción: la acción política es inevitable, ella es urgente: “Ustedes temen, piadosos fieles y conservadores pacíficos… Ustedes temen. Ustedes ven llegar las catástrofes. Dios no se contentará en salvarlos de esos gemidos. Él les pide la acción política y la acción social. La acción política debe ser incesante. Es necesario adquirir un temperamento de demócrata. Lo que dificulta y perjudica a los católicos de Francia es que esperan todo del poder, en vez de esperar todo de ellos mismos. Cuando comprendan eso, ellos se levantarán. Si no llegan a comprenderlo, será el fin de la Francia católica”.


La acción social de la Iglesia y el sacerdote (1898)

Como introducción a la conferencia, el p. Dehon hace una “retrospectiva general de la historia”. Recordando que “la Iglesia siempre se dedicó a liberar a las almas de las preocupaciones y las tentaciones de la situación de indigencia”.

A continuación nombra a los enemigos de la Iglesia: El paganismo-racionalismo, el protestantismo, el humanismo, el jansenismo, el galicanismo, el liberalismo, el laicismo, el deísmo, el escepticismo, el materialismo. “El galicanismo y el liberalismo alejaron al clero de la vida pública y lo enclaustró en la sacristía”. Determinando así las causas de la situación actual del clero.

En esta conferencia, particularmente, se puede ver como el p. Dehon sabe inclinarse delante de un testimonio más autorizado y más competente, por eso cita mucho, haciendo suyo el pensamiento de otros para mostrar su interés.

Cita al Cardenal James Gibbons y a Louis Bourdaloue, sj para apoyar su conclusión: “siendo el ministro de la Iglesia el amigo y el padre de su pueblo, él no puede quedar indiferente a ninguna cuestión social, política o económica”. “No hay quehaceres del mundo que no se entrometan al tribunal de los ministros de Jesucristo, porque no hay ninguno que no pueda tener alguna ligación con la conciencia y la salvación”.

Dice que el pensamiento de León XIII respecto de la situación de los sacerdotes es que es necesario exhortarlos a ir al pueblo. “Ellos no deben quedar encerrados en sus iglesias y presbiterios”. “El sacerdote necesita salir de la sacristía, es necesario que él se mezcle con el pueblo y le preste servicios”. Cita a Elteser para mostrar la nueva actitud que pide el papa. “No es por el frío camino dogmático que el pueblo se mantendrá en la fe, sino por la caridad activa”.

Cita a Frederic Ozanam para prevenir y dar ánimo ante las dificultades que seguirán a la propuesta del Papa: “No os asustéis cuando los malos ricos, melindreados con vuestros discursos, os traten de comunistas, como se trato a San Bernardo de fanático y de loco”.

Expone los medios que deben emplear para realizar la propuesta del papa: el estudio, la acción y la oración. Se necesitan doctores, apóstoles y santos. La oración debe ser ardiente y unida al sacrificio. Los apóstoles deben ser hombres de acción. Los doctores deben prepararse mediante estudios serios.

Concluye exhortando a seguir el ejemplo de los santos canonozados en aquellos días por León XIII: S. Ivo, S. Pierre Fourier, S. Jean-Baptiste de La Salle.


La misión actual de la Orden Tercera (24-09-1900)

San Francisco tenía en la mira el bien de la sociedad, junto con la santificación de las almas.

La Orden Tercera franciscana es eminentemente social. San Francisco quiso que sus terciarios fuesen ciudadanos cristianos, capaces de hacer reinar a Cristo en la comuna y en el Estado.

La misión actual de la Orden Tercera es ser un fermento de la vida cristiana en todas las relaciones sociales.


Una visión de conjunto de la Renovación Social Cristiana

Encontramos en la Renovación Social Cristiana aquello que más cuenta para el p. Dehon: la fidelidad al Evangelio recibido y comprendido en una Iglesia confrontada con las grandes cuestiones del mundo.

El Reino del Corazón de Jesús es un reino concreto y efectivo dentro de nuestra historia. El celo ardiente por el Corazón de Jesús llama sin cesar a un empeño evangélico en plena “refriega” con el mundo.

Al reelaborar las conferencias con el fin de reunirlas en un libro, el p. Dehon percibió y determinó la visión que las unifica: la renovación de toda la sociedad a partir de la fe cristiana. Se trata de un verdadero “proyecto de sociedad”.

La intención del p. Dehon es promover en el conjunto de la sociedad, las leyes y su aplicación en todos los mecanismos de la vida social a la luz del Evangelio. El Sagrado Corazón resolverá la cuestión social. El grave malestar social tiene su causa más profunda en el ateísmo, en el esfuerzo de expulsar a Dios del universo de los hombres, de la sociedad. Y la solución, será la acción de la Iglesia, a través de todos sus fieles y, de modo especial, de su clero y sus religiosos, a partir del Evangelio y según las directrices del Magisterio romano.

El p. Dehon recusa la “disminución infamante que el Estado moderno quiere imponer a la Iglesia. Él quiere lanzarla fuera de toda acción social y política. Él la ata, la despoja, él la amenaza de muerte. Pero la Iglesia no quiere morir, ella quiere “expandir la vida””.

Por eso, el clero debe salir de la sacristía, de un culto excesivamente ajeno a la vida real, demasiado preocupado en solamente moralizar en vista del más allá. Es necesario “ir al pueblo” para reconducir a la Iglesia este pueblo, las masas que sufren y que están sin esperanza, y así devolverlas a Cristo, su Libertador.

En la meditación que hace el p. Dehon la “vida pública de Jesús no es otra cosa que esto: una presencia, la más auténtica posible, en la vida real de su pueblo, la inserción más verdadera en nuestra condición común, para allí revelar actos y gestos, y con la palabra, el amor salvífico del Padre”.

Así, pues, la primera exigencia fundamental que el p. Dehon nos recomienda y que lleva al empeño social es esa comunión con el misterio de Jesús, el Verbo encarnado en lo humano.

En Jesús, el Hijo auténticamente hombre entre nosotros, solidario con nuestro mundo pecador para sanarlo y transfigurarlo, el Reino de Dios es una realidad dada para aquí y ahora.

La devoción al Sagrado Corazón de Jesús es un compendio de la devoción a Jesús encarnado, viviendo y muriendo para la salvación de todos los hombres. “No se puede recibir el Reino del amor, sin luchar para cambiar la sociedad, a su luz y en su fuerza”.

Síntesis: Hno. Marcelo R., scj. 4-9-2008

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