10 desafíos para revivir la pastoral juvenil


1. VOLVER A SOÑAR

Pocos jóvenes en misa, una juventud muy alejada de los planteamientos de la Iglesia, una parroquia envejecida… Sí, los momentos no son fáciles. Pero nunca lo han sido. Como Iglesia necesitamos volver a soñar y creer que es posible que los jóvenes de hoy encuentren a Jesús. ¿Cómo? Confiando que para Dios nada es imposible. El desaliento es el peor enemigo de la pastoral. Si crees que no hay nada que hacer, seguro que no harás nada. Habrá que replantearse cosas, y no encerrarse en el “siempre se ha hecho así”. Estar abiertos al viento del Espíritu, abrirnos a nuevos planteamientos, y dejarnos sorprender. Y la experiencia dice que Dios, cuando confías en Él, siempre sorprende.

2. HACERLES SENTIR QUE NO ESTÁN SOLOS

Los adolescentes y jóvenes católicos son siempre minoría en sus ambientes (institutos, universidades, trabajo). Y en nuestras parroquias los grandes números de jóvenes han acabado. ¿Cómo ofrecer a los jóvenes católicos espacios para encontrarse entre ellos, sentir que no están solos y experimentar que forman parte de una gran familia llamada Iglesia?

3. VER LO QUE NOS UNE

Nuestras parroquias están llenas de movimientos y realidades muy diversas. Esto puede ser una dificultad para los jóvenes, o una riqueza. Depende de nosotros. ¿Cómo ser capaces de educar a nuestros jóvenes a ver, sin dejar la propia identidad, en los jóvenes católicos de otros grupos más lo que nos une, que no lo que nos separa? Una Iglesia dividida no será nunca un testimonio creíble para el mundo.

4. OFRECER UNA MEJOR EXPERIENCIA PREVIA 

Todos tenemos la experiencia de haber tenido jóvenes un par de años en la confirmación, y que una vez confirmados han volado. Las razones son muchas, pero una pregunta debemos hacer: ¿han tenido experiencia de Dios? No hay que tener miedo a revisar nuestras catequesis y plantearnos cómo mejorarlas para que, más que adquirir conocimientos o valores éticos, descubran a Jesús que está vivo y camina con ellos. ¿Enseñamos a nuestros jóvenes a orar? ¿Les enseñamos a alimentarse de la Palabra de Dios? ¿Son aburridas?

5. APROVECHAR LOS ESPACIOS DE FRONTERA

Son cientos los jóvenes que van a escuelas católicas, o campamentos. Reciben valores católicos o hacen un valioso voluntariado, pero ¿tienen experiencia de fe? ¿Cómo pueden la escuela católica y los campamentos convertirse en oportunidades, sin dejar de ser espacios de frontera, para que estos jóvenes reciban la propuesta del Evangelio? ¿Cómo crear puentes entre la escuela y la parroquia?

6. INVERTIR EN FORMACIÓN 

Acompañar en la fe a los jóvenes no es fácil. Hay experiencia personal de fe, recursos y métodos, tiempo para escucharlos y ganas de comunicar la fe a los jóvenes. Para hacer catequesis infantil aún encontramos gente, pero ¿para llevar a los adolescentes…? Necesitamos invertir tiempo, educación y, porque no, dinero, en formar personas que puedan dedicarse a los jóvenes en la fe y convertirse en buenos catequistas y acompañantes. Transmitir la fe a los jóvenes es un arte y una vocación que hay que revalorizar en la Iglesia.

7. SALIR CON NUEVOS MÉTODOS

Los jóvenes que entran en la iglesia son pocos, pero las calles están llenas de jóvenes. ¿Cómo llegar? No basta con la intención. Hacen falta iniciativas de primer anuncio, pues el camino ordinario de la catequesis y la confirmación no llama al joven de la calle, que tiene otros intereses. Es necesario que las parroquias y movimientos se formen en métodos de primer anuncio para salir a despertar la fe en los jóvenes alejados. O nos enterrarán esperándolos…

8. DESPERTAR FERVOR MISIONERO

La Iglesia es misionera o no es Iglesia. Y los mejores misioneros de los jóvenes son otros jóvenes. Un gran reto es que todos los jóvenes de la Iglesia tomen conciencia de la gran misión que se les confía: ayudar a sus amigos no creyentes a descubrir el tesoro de la fe.

9. IMPLICARLOS CON LOS NECESITADOS

Si algo ha de producir la fe en los jóvenes es la apertura al otro, y especialmente al que sufre. El joven católico no vive aislado de los problemas del mundo. Al revés, se los hace suyos. ¿Cómo implicar, pero no por ideología sino desde la fe, a los jóvenes católicos en la transformación del mundo y el servicio a los más necesitados?

10. ¡CREAR MÁS COMUNIDADES! 

La fe si no se vive en comunidad muere. Hay muchas capillas, pero el joven ¿encuentra comunidades de fe? En los países de misión, y en regiones extensas de Argentina, los católicos hacen kilómetros para encontrarse y celebrar la Misa. Y los jóvenes en el futuro tendrán que hacer lo mismo. Pero preguntémonos qué comunidades ofrecemos a los jóvenes. ¿Son vivas? ¿Pueden interpelar a un joven las predicaciones? ¿Los jóvenes se sienten esperados y queridos?
Basado en un artículo de Bruno Bérchez

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