PROTOCOLO DE ACTUACIÓN Y PREVENCIÓN DEL ABUSO SEXUAL INFANTIL EN LOS CAMPAMENTOS JUVENILES


1) ACLARACIÓN DE CONCEPTOS

1.1 ¿Qué es un Protocolo de actuación y prevención del abuso sexual infantil?

Un Protocolo es un acuerdo genérico y práctico de actuación, una guía cuyo primer objetivo es, en este caso, prevenir situaciones de conflicto, estableciendo buenas prácticas en la organización y desarrollo de las actividades pastorales, educativas y lúdicas con niños y adolescentes. El segundo objetivo es actuar adecuadamente frente a la revelación o fundada sospecha de abuso sexual, es decir, intervenir sin retraso, con control de la situación, sabiendo qué hay que hacer con la víctima y con el presunto abusador.

También ayuda a que todo el personal asuma cuáles son los peligros a evitar, las responsabilidades, las funciones, los canales de comunicación y las actuaciones a realizar.

Este Protocolo interno especifica la manera en que se deben realizar dos tareas básicas:

1. Prevención del abuso sexual. Se refiere a la prevención del posible abuso sufrido por menores perpetrado por miembros con responsabilidad pastoral en la diócesis.

2. Respuesta ante la sospecha o revelación de un abuso sexual. Se trata de conocer los indicios que nos pueden ayudar a detectar un abuso y las actuaciones a realizar con la víctima y el presunto agresor denunciado o bajo sospecha.

1.2 ¿A qué llamamos abuso sexual infantil?

Se denomina abuso sexual infantil y a menores a la utilización de un/a niño/a para obtener gratificación sexual. Esa utilización del menor de edad puede hacerse de muchas maneras y, en la mayor parte de los casos se realiza sin amenazas ni violencia, sino de otras formas no agresivas, como la sorpresa, la seducción, el engaño, el chantaje o la manipulación.

El abuso sexual infantil se encuadra dentro de la categoría más amplia de la violencia sexual y en gran medida, comparte consecuencias y respuestas con esta. Al mismo tiempo, debe ser considerado como un tipo de maltrato infantil.

Se considera abuso sexual infantil:

• Acosar, asustar o intimidar con gestos obscenos o con comunicaciones obscenas (llamadas telefónicas, mensajes de móvil, correos electrónicos, cartas o notas de explícito contenido sexual).

• Hacer proposiciones sexuales o insinuaciones relacionadas con la conducta sexual y ofrecimientos de encuentro con fines sexuales utilizando Internet.

• Pedir al menor que exponga o exhiba su cuerpo o partes de su cuerpo con fines sexuales, directamente o mediante la utilización de tics.

• Tocar partes del cuerpo del niño/adolescente consideradas íntimas o erógenas, por encima o por debajo de la ropa, intentos de beso, contacto corporal, excesivo acercamiento, etc.

• Obligar o incitar a tocar al adulto o a otros menores con fines sexuales.

• Exhibir y exponer deliberadamente al menor de material pornográfico.

• Penetrar oral, anal, vaginal, o intento de penetración, con pene o con objetos.

• Explotar sexualmente: incitar o permitir la participación de un menor en la prostitución, pornografía o espectáculos sexuales.

La víctima: Hablando de abusos a menores nos referimos siempre a una persona que no ha llegado a la edad legal de la mayoría de edad. Los 18 años marcan una línea legal donde se da por terminada la adolescencia y, con ella, la minoría de edad.

El agresor: La persona que abusa o agrede puede ser varón o mujer indistintamente. Tampoco se puede descartar a un/a adolescente o preadolescente, que se encuentre en una situación de poder con respecto a la víctima, por su desarrollo corporal, fuerza física, etc. Es calificado/a igualmente de persona agresora o abusadora.

Para los fines de nuestro Protocolo sólo tendrán consideración, como potenciales abusadores los adolescentes y jóvenes, cuando dentro de las actividades pastorales se encarguen de niños más pequeños. Entre ellos podríamos señalar a catequistas, monitores, animadores de grupos, voluntarios, etc. En estos casos, deben conocer el Protocolo, igual que los adultos.

Precisamente, el hecho de que sea un adulto cercano, en quien confía el niño o adolescente, investido de autoridad profesional o moral, quien abuse sexualmente de él, suele tener consecuencias mucho más graves que el mismo abuso cometido por un desconocido. Siempre es posible que los agresores se sirvan no sólo de la cercanía, sino de la amistad o de la admiración que les profesa un niño o adolescente para conseguir su objetivo de abuso impune.

2) ESTABLECER BUENAS Y EFICACES PRÁCTICAS PREVENTIVAS

Se trata de determinar y poner por escrito una manera de actuar clara que procure un entorno seguro, así como la propia protección de los trabajadores o voluntarios.

Todo adulto, que tenga contacto habitual con menores de edad en la actividad pastoral, debe conocer bien su papel, cuál es el ministerio que ejerce. Y la función específica que se le confía, para actuar de manera respetuosa, prudente y equilibrada en el trato con los menores.

Para ello, es conveniente tener en cuenta y seguir estos aspectos preventivos:

1. Llevar a cabo las muestras físicas de afecto con mesura y respeto; y nunca han de parecer ni ser desproporcionadas. Este tipo de muestras afectuosas que implican contacto físico han de hacerse tocando zonas “seguras” como espalda, hombros, cabeza, brazos.... En nuestro contexto cultural es habitual que los adultos abracen, alcen en brazos y besen a niños de corta edad, y que se abrace y bese a niños mayores y adolescentes. Estas muestras de afecto tienen sus límites socialmente aceptados: los besos se dan en las mejillas, no se abraza a la fuerza ni con excesiva presión ni duración y no se tocan jamás zonas íntimas o erógenas (muslos, nalgas, senos, genitales).

2. Respetar la integridad física del menor, permitiéndole rechazar las muestras de afecto, incluso en el caso de que sean bienintencionadas.

3. Evitar quedarse a solas mucho tiempo con un menor, por ejemplo, en la sacristía de la iglesia o en una sala o dependencia parroquial, y nunca con la puerta cerrada.

4. Examinar a un menor enfermo o herido en presencia de otro adulto.

5. Hablar en privado con menor en un entorno visible y accesible para los demás. Una buena sugerencia es que haya puertas de cristales transparentes o cristaleras en despachos de sacerdotes, directores, formadores y animadores tanto de niños como de jóvenes.

6. Dejar la puerta abierta cuando se habla con un menor en un despacho o habitación. O hablar con él en un lugar donde otros adultos puedan ser testigos del encuentro. Es decir, llevar a cabo como norma una política de “puerta nunca cerrada”.

7. Informar a los padres de una situación inusual en la que se va a estar o se ha estado a solas con un menor, o cuando se va a tener o se ha tenido un contacto físico relevante por razones sanitarias o disciplinarias.

8. Prohibir absolutamente juegos, bromas o castigos que puedan tener connotación sexual, evitando cualquier tipo de conductas que impliquen o sugieran desnudarse o besarse.

9. Dado que el castigo físico está prohibido, no puede justificarse en ningún caso contacto físico por este motivo.

10. Prohibición de novatadas y otras dinámicas o juegos que puedan llevar consigo actos humillantes, denigrantes o sexistas.

11. Informar a los padres y pedir siempre autorización paterna firmada para salidas, convivencias, excursiones, campamentos, etc. que supongan que los menores han de dormir fuera de casa, asegurando un número suficiente de acompañantes y organizando lo necesario para la diferenciación del alojamiento de los niños por sexo. Nunca un adulto debe compartir habitaciones o carpas con adolescentes o niños. En las acampadas o viajes es siempre oportuno invitar a que vayan algunos padres, incluso que sean parte activa de la actividad.

12. No entrar en los vestuarios, baños o duchas mientras estén los menores. Si es preciso por razones disciplinarias o de control, conviene que entren dos adultos y del mismo sexo que los menores presentes. Salvo que sea imperativo actuar por algo urgente, se mantendrán a distancia de los menores que están cambiándose o duchándose.

13. Implementar mecanismos de control junto a los padres para mantener encuentros o comunicaciones con menores fuera del contexto parroquial, ya sean presenciales, por correo electrónico o móvil o a través de las redes sociales ajenas a las oficiales del centro, parroquia o grupo. En caso de que formalicen grupos de WhatsApp o se use el e-mail o las redes sociales para convocar y organizar o coordinar actividades, los padres deben recibir los mensajes y participar en la comunicación, no siendo nunca ajenos a la misma.

14. Por supuesto es motivo de cese inmediato en la actividad pastoral cualquier relación sentimental, consentida o no, de un adulto con menores de edad (niños, preadolescentes o adolescentes), monaguillos/ as, miembros de grupos de catequesis, de otros grupos infantiles o juveniles de parroquia.

15. Los sentimientos de afecto y/o enamoramiento hacia sacerdotes, catequistas, profesores o animadores a menudo responden a la consideración del adulto como un ídolo. La persona adulta ha de ser consciente siempre de su propia responsabilidad, si se evidencian estas situaciones. En ningún momento debe responder o insinuarse positivamente a ese tipo de afecto, sino establecer de forma inequívoca y con buenas maneras los límites adecuados de comportamiento, relación y aprecio.

16. Evitar realizar tomas privadas de imágenes de menores, y si se hacen en el desarrollo de actividades pastorales, se llevarán a cabo a ser posible con dispositivos técnicos de la parroquia o del centro educativo (cámaras de fotos, de vídeo, etc.), mejor que con material personal (teléfonos móviles, tablets, ordenadores, etc.). De la toma de estas imágenes se informará a los padres, no se hará exhibición ni difusión pública o privada sin el consentimiento de éstos y se guardarán en un archivo único del que será responsable la parroquia o centro educativo diocesano.

El sacerdote responsable, el responsable o animador de un grupo juvenil, deben actuar siempre que las personas a su cargo vulneren o no sigan las buenas prácticas preventivas del Protocolo.

Esta actuación puede ir desde una simple indicación o sugerencia de mejora a una llamada de atención en casos leves. En casos de notoria gravedad debe procederse con una seria advertencia y dar los pasos para el alejamiento inmediato del ministerio sacerdotal o de la función pastoral, con la comunicación a las autoridades civiles y con la apertura de un expediente o el despido.


3) DETECCIÓN, DENUNCIA Y ACTUACIÓN ANTE EL ABUSO SEXUAL A MENORES

3.1 La detección del abuso sexual

Las personas que intervienen directamente en actividades pastorales con niños y adolescentes deben estar muy atentos para reconocer los signos de un posible abuso.

Hay dos maneras básicas en las que se manifiesta el abuso que está sufriendo un menor: mediante indicadores y mediante revelación. Toda persona que se relaciona con menores debería ser capaz de responder a ambos.

a) Indicadores de abuso sexual infantil

Muchos niños y adolescentes no cuentan ni expresan lo que les pasa por distintas razones. Pero, aunque no lo digan, el abuso deja un conjunto de pruebas o señales que llamamos indicadores. Estos revelan situaciones físicas y comportamientos anómalos e infrecuentes en la conducta del menor. Nuestra obligación como personas responsables del trabajo pastoral con menores es conocer tales indicadores y tomarlos como señales de advertencia o alarma que nos ayudan a detectar una posible situación de abuso sexual.

Estos indicadores son de dos tipos: físicos y de comportamiento.

Indicadores físicos

• Embarazo, enfermedades de transmisión sexual.

• Lesiones y dolor físico inexplicable o persistente en zona genital, anal o en senos.

Indicadores de comportamiento*

• Comportamientos anómalos y anormalmente llamativos de carácter compulsivo, depresivo, defensivo, autodestructivo, adictivo, delictivo o promiscuo.

• Tendencia a mostrar conductas, a realizar juegos y a utilizar lenguajes sexualizados impropios para su edad.

• Bajo rendimiento escolar y deportivo.

• Secretismo respecto a amistades, actividades, redes sociales y uso de internet.

• Exhibición de regalos, dinero y objetos de valor de origen inexplicable o poco creíble.

*Es importante saber que algunos de estos indicadores de comportamiento, sobre todo los que no tienen directa connotación sexual, pueden estar manifestando otros problemas diferentes al abuso. En ocasiones pueden ser expresión de malestar por un maltrato infantil, por un divorcio, por la muerte de un ser querido o por celos hacia un hermano, etc. Deben alertarnos especialmente las conductas llamativas de conducta o ámbito sexual, pero sin despreciar los cambios repentinos y radicales del comportamiento habitual de un menor.

Si llegara el caso, no debe tomarse la iniciativa de entrevistar formalmente a un niño o adolescente. Es conveniente que la entrevista la realice un profesional preparado**

b) Revelación y denuncia del abuso sexual

La experiencia muestra que los niños que revelan el abuso, a menudo lo han hecho varias veces antes de conseguir que su entorno atendiera su demanda y actuara.

Revelación indirecta: Hay niños que, por su edad o por otras circunstancias, no cuentan directamente el abuso, pero lo revelan de manera indirecta mediante dibujos, escritos, preguntas o discusiones sobre sentimientos o relaciones personales. También cuando revelan el problema a terceros: “ese entrenador le tocó a un amigo mío” o haciendo de simple divulgador “dicen que el profe N. toca a las niñas”.

Revelación directa: Es relativamente infrecuente que los menores revelen directamente el abuso que están sufriendo. Algunos niños lo revelan a otros niños, pero no a los adultos. Es también frecuente que estos amigos o la propia víctima lo revelen bajo condiciones de secreto.

La revelación nos enfrenta crudamente a la realidad del menor y no se puede pasar por alto. De ahí la importancia de saber cómo actuar. La falta de reacción no sólo mantiene al menor en situación de riesgo, sino que le envía el mensaje de que, aunque lo cuente, no va a tener respuesta, invitándole así a permanecer en silencio.

3.2 Actuaciones relacionadas con la revelación de un abuso

• Es importante ser sensible a las necesidades del/a niño/a. Cuando un niño o adolescente nos confía su secreto o nos muestra claramente lo que está ocurriendo, nuestra primera y principal tarea es apoyarlo. Un niño que está siendo abusado es especialmente vulnerable. Necesita sentir que lo creemos, y que estamos dispuestos a escucharlo y ayudarlo. En todo momento hemos de actuar de tal forma que, al dar una respuesta a sus necesidades, no aumentemos su ansiedad o añadamos sufrimiento.

• No debe posponerse la escucha de la revelación. Hay que escucharlo en el momento que el haya elegido para iniciar la comunicación; nunca retrasarla.

• Mantener siempre la calma y escuchar con atención la denuncia. Comportarse con calma y comprensión muestra al menor que podemos aceptar su relato y lo anima a contar lo que ha pasado. Por eso, es importante no interrumpir la revelación, ni evidenciar nuestras emociones adultas (cólera, estupefacción, indignación). Tampoco conducir la conversación como si fuera un interrogatorio juzgando a la víctima o al presunto abusador, al que hay que referirse como una persona necesitada de ayuda.

• Dar apoyo y confianza. No mostrar nuestra incomodidad haciéndole preguntas culpabilizadoras o escabrosas. Es útil hacer preguntas abiertas y generales, ya que en ese momento sólo necesitamos saber hechos básicos para tener claro que es un abuso. No es tiempo de indagar o entrar en detalles que provoquen la vergüenza, la incomprensión o la culpa. El menor debe experimentar que cuenta con nuestro apoyo y que le vamos a ayudar.

• Ser conscientes de lo que tenemos y lo que no tenemos que decir al menor: - Lo que hay que decirle: que no desconfiamos de entrada de lo que nos dice y lo tenemos en cuenta, que ha hecho bien en contarlo y ha sido valiente, que no tiene la culpa y no es responsable de lo que ha pasado, que vamos a hablar y a ponerlo en conocimiento de sus padres y de las personas que pueden ayudarle. De este modo el problema será resuelto y su malestar pasará.

• Lo que no hay que hacer o decir: no debemos pedir detalles para influir en su relato, o usar palabras que le puedan asustar. Tampoco podemos prometerle que guardaremos el secreto o algo que no podamos cumplir. En ningún momento debemos dar muestras de cuestionar lo que dice el menor; esto no significa admitir sin más que todo lo que dice sea cierto, y que no haya hipótesis alternativas. La veracidad del relato del menor le corresponde valorarla al personal especializado.

• Ser siempre sinceros y adelantar al menor cómo vamos a actuar: Contestemos a sus preguntas sinceramente. Si no sabemos la respuesta, reconozcámoslo “No estoy seguro, la verdad”, “Pues no lo sé, pero me voy a enterar”. Digamos al niño o adolescente lo que pensamos que va a ocurrir tras la revelación: que le vamos a ayudar, que vamos a comunicarlo a personas que pueden apoyarle, que lo tienen que saber sus padres.

• Informar inmediatamente a los padres de la denuncia recibida por parte del menor, recabar su información sobre los indicadores, la sospecha o la revelación de su hijo/a ante un posible abuso y acordar con ellos la estrategia y actuaciones a partir de ese momento.

• Poner por escrito lo que acabamos de oír: tras el encuentro con el niño, y ante los padres, es importante que tomemos notas de lo que acaba de contarnos lo más pronto posible, reflejando el día y la hora, recogiendo lo que recordemos literalmente de su discurso, escribiendo sus palabras y explicando si mostró algún comportamiento relevante al decirlo.

4. INDICACIONES GENERALES

La mayoría de las normas y procedimientos que se indican a continuación son de sentido común y ya se observan, pero es importante que cada persona en su trabajo se sepa advertida y verifique concretamente que se cumplan en todas las situaciones en las que se desarrolla su trabajo y, que los representantes de la titularidad y directores velen por su aplicación.

Normas de conducta para la protección del menor

» Sea consciente de que usted desempeña un papel profesional o institucional, no meramente privado, y que las personas con quienes usted trata, en principio, confían en su buena intención y tienden a obedecer a su autoridad, por lo que usted asume una gran responsabilidad.

» Trate a todas las personas de forma respetuosa, sin invadir su intimidad, ni corporal ni psicológica.

» Sea prudente. Tenga presente que otras personas pueden interpretar mal sus acciones, a pesar de todo lo bien intencionadas que sean. No se fíe únicamente de su buen nombre como protección. No piense «eso a mí no me pasará». Quienes más peligro tienen frecuentemente no son conscientes; atienda cualquier indicación de que su comportamiento puede ser mal interpretado. Tome conciencia de las situaciones que puedan implicar riesgos, y sepa cómo evitarlas. No quite importancia, ni exagere sobre las normas de prudencia en el trato con otras personas y el abuso a la infancia. Se requiere cautela en todas las situaciones de interacción personal.

» Fomente la confianza y sinceridad entre jóvenes y adultos para que puedan indicar abiertamente actitudes y comportamientos que les disgusten.

» Busque siempre la trasparencia, procurando que cualquier actuación sea a la luz del día y verificable con testigos. Evite, en lo posible, situaciones comprometidas en las que un adulto se pueda encontrar solo con otra persona.

» No lleve a menores a solas en el coche, ni siquiera en trayectos cortos, salvo que resulte imprescindible por razones de seguridad. En tal caso, asegúrese de que un adulto educador u otro empleado sepa que lo va a hacer.

» Planifique y organice cualquier evento que incluya a menores de forma que se minimicen los riesgos: que esté presente más de una persona, o que al menos haya otras personas en el entorno inmediato.

» Si es posible, colóquense cristales trasparentes en las puertas de los espacios donde se haya de permanecer con otra persona a solas, o manténganse las puertas abiertas. La entrevista individual con los menores se haga en espacio visible y sea conocida por otros adultos. No pase tiempo a solas con menores.

» Las muestras de afecto son relevantes y necesarias para el buen desarrollo de los procesos formativos. Están relacionadas con la acogida, la aprobación, la comprensión, la escucha empática o el aprecio por el otro, pero no implican necesariamente contacto físico. Evite todo contacto inadecuado o innecesario, físico o verbal, que pueda prestarse a ambigüedades. Sea parco en las manifestaciones de afecto con menores, evitando caricias, besos o abrazos imprudentes, injustificados o que se puedan interpretar mal. Es importante encontrar los gestos y palabras adecuadas y en los contextos apropiados, de modo que no se genere ningún tipo de ambigüedad, que no comporten estimulación erótica, ni ocasionen desagrado o invasión de la intimidad de la otra persona.

» No muestre favoritismo individual a menores o a subordinados, sea con obsequios que se puedan malinterpretar o de palabra.

» En general, comunique a los responsables las intervenciones con menores susceptibles de ser mal interpretadas o que generen riesgo.

» Cuide el lenguaje verbal y no verbal. No pronuncie vulgaridades ni expresiones groseras en presencia de menores. No haga nunca comentarios o gestos sugerentes de naturaleza sexual, aunque sea en broma.

» No enseñe a los menores juegos inapropiados, ni sitios de internet, ni nada que pueda ser interpretado como pornografía.

» Nunca haga fotos ni tome vídeos de carácter privado o íntimo. Si se realizan fotos, preferentemente de grupo, hágase por personal autorizado y nunca en situaciones comprometidas.

5. INDICACIONES MÁS ESPECÍFICAS PARA LA RELACIÓN CON MENORES de 12 a 18 años

» Los adultos no pueden tener relaciones afectivo-sexuales con menores.

» No se utilizarán expresiones verbales equívocas de carácter erótico o sexual, ni referencias al aspecto físico que supongan ironías, humillación o invasión de su intimidad.

» Se guardará reserva sobre la vida íntima tanto de los adultos como de los menores y se cortará toda conversación o comentario de carácter morboso o indecente.

» Se evitarán todas las acciones o usos de ropas que supongan la excitación sexual o erótica.

» Se evitará entrar en el vestuario si no se da una situación que lo justifique, y sólo por aquellos profesores de Educación Física o personal a quien competa por sus obligaciones. Los profesores de Educación Física o animadores serán de ambos sexos.

» Se puede designar un menor como responsable del vestuario que avise a los adultos de situaciones de riesgo entre iguales.

» Los adultos no darán sus teléfonos y correos electrónicos particulares a menores, ni se citarán con menores fuera.

» Se cuidará de que la comunicación por mensajes o correos con menores, deje copia, o la envíe también oculta a personas responsables del campamento, y se evitará todo escrito que pueda dar lugar a interpretaciones equívocas.

» En las acampadas, las actividades serán visibles por el grupo, programadas y conocidas por varios responsables del campamento.

» Ningún adulto puede dormir o quedar solo en una habitación con un chico o chica.

» En caso de que algún menor necesite cuidados específicos, se hará en presencia de otro adulto.


** En caso de no existir un profesional con el que tratar la entrevista

Implementación del Protocolo, para la Detección, Acogida y Protección ante situaciones de Abuso Sexual Infantil:

Cuando existe relato del niño de haber sufrido abuso sexual o cuando se identifica un caso de presunto abuso sexual:

No podemos prever quien recibirá la primera denuncia o quien identificara un caso por abuso sexual a un menor; por lo tanto si un menor le relata haber sido abusado sexualmente, quien reciba el relato deberá escuchar al menor, teniendo en cuenta lo siguiente:

Parámetros a tener en cuenta frente al relato de un menor presuntamente abusado:

• Acoger con toda compasión al menor.

• Realizar la entrevista en un lugar privado, tranquilo y con visibilidad.

• Darle todo el tiempo que sea necesario, respetando el tiempo del menor.

• Demostrarle que lo comprende y que lo toma en serio. Mantener una actitud constante de escucha hacia el entrevistado.

• No hacer preguntas tales como ¿Han abusado de ti?, ¿Te han violado?...

• No presionarlo para que conteste preguntas o dudas.

• No criticar, no demostrar desaprobación al menor, no juzgar la veracidad de los hechos, ni conculcar la presunción de inocencia del presunto agresor.

• No sugerir respuestas.

• Actuar serenamente, lo importante es contener.

• No solicitar detalles excesivos.

• Reafirmarle que no es culpable de la situación.

• Tratar de eliminar miedos de posibles amenazas o castigos.

• Ofrecerle colaboración y asegurarle que será ayudado por otras personas.

• No prometerle que guardara el secreto.